Registrado: 13 Ene 2007 Mensajes: 765 Ubicación: Pensando en las cosas que me quedan por decirte
Publicado: Sab Ene 13, 2007 2:43 pmAsunto: ºº~"**--PRINCESA INDIA--**"~ºº
Hola a todas!! Pues nada ya estamos aquí para seguir dando la lata . He visto que casi todas habeís ido poniendo los capitulos ya publicados en el anterior foro , en un archivo megaupload. Pense hacerlo así, pero la verdad que nunca he subido un archivo, y bueno prefiero por otra parte dejar aqui todo el fic, asi que voy a copiar y pegar todos los capis, hasta donde leisteís.
Deciros que aún no tengo el nuevo, pero que estoy en ello, y que en breve publicaré. Gracias por vuestra atención jejejejjejeje. besos Jara _________________ ¿ Cómo saber si no es más que una fantasía o un sueño absurdo, un delirio producto de tu mente? No hay ensayos generales en la vida y aún menos en el amor.
Registrado: 10 Ene 2007 Mensajes: 2757 Ubicación: Me siento Flex, ¿y tú?
Publicado: Sab Ene 13, 2007 2:46 pmAsunto:
Hola, Jarilla!!!!!!!!!!!!!!!!
Esto poco a poco se va llenando de gente, y ya estaba empezando a echar de menos a cierta persona y a tu hermana
Publica cuando puedas, guapa, que ahora tienes que hacer tiempo para escribir
Besazos gordotes!!!!!!!!!! _________________ Chris Chambers, forever young http://es.youtube.com/watch?v=AhxoU1rc5X0
Registrado: 13 Ene 2007 Mensajes: 765 Ubicación: Pensando en las cosas que me quedan por decirte
Publicado: Sab Ene 13, 2007 3:01 pmAsunto:
Los que hacen lo que quieren sin esperar ser juzgados,
Los que hacen lo que lo que los demás esperan de ellos.
Los que creen tener todo y no buscan nada,
Los que lo buscan y no saben que lo tienen.
Los que no creen en el amor y lo encuentran,
Los que creen en él y lo pierden.
Cuando no sabes lo que te depara el destino, pero tú destino te encuentra.
Cuando la única salida es morir, o enfrentarte a ti mismo, a lo que fuiste, a lo que eres, a lo que serás....
Dos mundos. Unidos por una misma esencia. La tierra, la que te conoció al nacer, la que te ayudo a crecer, la que te dio el alma.
PRINCESA INDIA
Que la Tierra se envuelva
en una cuádruple túnica de harina blanca.
Que sea cubierta de flores de escarcha.
Que allá, en todas las montañas cubiertas de musgo
los bosques se aprieten unos contra otros, de frío.
Que sus brazos sean quebrados por la nieve
para que la tierra permanezca así.
He esculpido mi báculo de oración
en forma de seres vivos.
(Ofrenda Zuñi)
PRELUDIO
25 de Abril 1855
Sabían que no debían. Que lo que estaban haciendo solo lograría ponerlos en peligro, a ellos y a sus familias. A su gente; pero ¿cómo contener un torrente de emociones sin tener un dique lo suficientemente fuerte y grande para detenerlo? Y no es que no quisieran, es que no podían. Preferían morir a vivir sin estar el uno al lado del otro.
Y, por eso, ese día Aiyana, la joven indígena, hija del respetado jefe de la Tribu de los Caishas, Aguila Roja, decidió dejar atrás a su familia y marcharse con él. Con Shaylan, un guerrero indio de la tribu de los Yenes, cuyo nombre reflejaba su espíritu. Shaylan significaba en la lengua indígena espíritu libre, y aunque pertenecía a la tribu rival de su padre, era un hombre libre. Y su peor enemigo. Pero el amor no entiende de luchas por la tierra, ni de orgullo y cuando se cuela en el corazón, no hay manera de ponerle muros.
Ella no entendía ese odio tan grande entre esas dos tribus. Dos clanes que compartían el mismo sol, y la misma tierra; ese mismo pedazo de tierra, por el que cada día sus hermanos se dejaban la piel, buscando su propia subsistencia, y por el que luchaban contra sus peores enemigos, que no eran los que poseían su mismo color rojizo de piel, sino los blancos.
El hombre blanco que irrumpía en sus dominios con sus armas, y que les pedían algo que ni siquiera a ellos les pertenecía. ¿Cómo puede tener dueño, el sol, la luna, las estrellas, y todos y cada uno de esos seres vivos que conformaban a su madre, la tierra? No entendía. Para ellos solo pertenecía a su Dios, a su espíritu, a un único Dios que es el Dios de todos los hombres .Pero en vez de luchar contra su verdadero demonio, que era aquel que quería arrancarles de sus raíces, y de sus costumbres y que no entendían de lealtad, ni de respeto, y solo quería poseer algo que no pertenecía a nadie. En vez de eso peleaban entre ellos.
Ni ella ni Shaylan, concebían porque no unían sus fuerzas contra ellos, en vez de malgastarlas con odios enterrados en el tiempo, y que ni ellos mismos conocían. Pero su padre había sido claro, “si unes tu cuerpo a ese hombre, no tendré mas remedio que dejar de llamarte hija”, y aunque esas palabras perseguían su espíritu y no la dejaban dormir, sabía que si no unía su corazón al de Shaylan sería su propio espíritu el que abandonaría su cuerpo llevándola a una muerte segura.
Cuando el campamento dormía, y solo se oía el ligero siseo de la brisa golpeando la tienda en la que dormía junto a su hermana. Aiyana cogió cuanto pudo para poder llevarlo en su viaje. Lo guardó en un saco que se echo al hombro; y, confiándose a su propio cuerpo, transformó sus pasos y deseo ser ligera como una pluma, para salir de allí sin ser vista. Antes de salir de la tienda, y adentrarse en las sombras de la noche, posó por última vez su mirada en su hermana pequeña. Su hermana.... que tanto la había ayudado a ocultar su relación con Shaylan, pero sabía que ni ella misma entendería ese abandono. Ahora se convertiría en princesa e hija única del gran jefe de los Caishas, una carga de responsabilidad; que ella se había quitado de sus hombros por él. Y, durante esos segundos en los que la observaba dormida y ajena a su huida, trató de memorizar cada línea de su rostro, para no olvidarlo jamás. Inspiró con fuerza y trató de guardar su recuerdo en un rincón de su corazón donde siempre habría un hueco para ella. Para sus padres, y para todos sus hermanos, que eran todos aquellos que formaban parte de su clan.
Camufló su cuerpo ya entre las sombras de la noche, oculta por el manto de oscuridad que la protegía, y respiró agitada, mientras andaba a paso ligero y silencioso hasta la salida de las lindes de su territorio.
Una vez fuera respiró, posó sus pies en la tierra; y, mientras miraba a las estrellas, una de ellas iluminó el rostro de Shaylan, que reposaba su cuerpo contra el tronco de un hermoso nogal que parecía ser el único testigo de su encuentro.
Ambos se sonrieron, y Shaylan clavó sus ojos oscuros, en los ojos chispeantes de la joven para infundirla serenidad. Siempre lo conseguía.
La pareja caminó de la mano, a través del bosque con el único sonido acompañante de sus pies, contra la hierba fresca y húmeda. Temían que con un simple sonido de sus labios despertar a los espíritus que aguardaban sus tribus, y pudieran llevarles alguna noticia de su huida a sus familiares.
Anduvieron kilómetros a través de la frondosidad del bosque. Lograron llegar a un claro del mismo en el que la luna refulgía de brillo, dando luz, a los lomos del caballo color café, que Shaylan había dejado allí; para llegar lo más lejos posible de las fronteras de sus territorios. El caballo llevaba cargado varios sacos a los lados, en los que también el joven había llenado de comida, bebida y abrigo suficientes para poder aguantar su viaje a un nuevo lugar. A un nuevo terreno en el que asentarse y vivir únicamente de la tierra y del amor que ambos se procesaban.
Shaylan subió a lomos del corcel, mientras ayudaba a la chica a hacer lo mismo, y, a trote, y después a galope, con el viento despejando sus rostros, cabalgaron abrazados a través de la noche hasta llegar al primer inconveniente en su camino: El río Qwan.
El río serpenteaba todo el camino, ante sus ojos, y debido a las últimas lluvias que habían acaecido la región, aparecía rico y henchido de vida. Lleno de agua burbujeante, brillante y hermosa ante la luna, que en otras circunstancias hubiera sido para ellos, una bendición, un regalo de su madre Tierra, pero no en ese momento.
- No podemos cruzar el río, la corriente nos arrastraría.- anunció lo evidente Aiyana, mientras se agarraba con fuerza al abdomen de Shaylan.
Este respiró sereno, y dejo su mirada baja mientras trataba de reflexionar sobre ese inconveniente; que ya había imaginado al planear su huida. Pero lo que no sabía es que el río iba a estar tan caudaloso, y mientras miraba el agua seguir su camino salvajemente contra las piedras, pensó que no pensaba poner en peligro la vida de Aiyana. No, antes prefería no verla más, que verla muerta.
El muchacho bajó de su caballo, para luego posar su atención en la joven y ayudarla a bajar. De lo que ocurrió a continuación solo ellos fueron testigos, porque el bosque, el cielo, y las estrellas que parecían los únicos testigos de su huida, dieron la sensación de quedarse dormidos y ajenos a una fuerza que ni ellos mismos entendieron.
De pronto un viento inesperado comenzó a agitar sus cabellos, y arremolinar las pieles que cubrían sus cuerpos tibios por la temperatura de la noche, que de pronto comenzaron a helarse. El caballo de Shaylan comenzó a agitarse nervioso, por ese repentino viento, que cada vez les acechaba con más fuerza. Todo parecía volar a su alrededor ahora, desde las hojas, hasta los pájaros del cielo, que daban la impresión de huir despavoridos ante ese viento salvaje que les sacudía.
Aiyana se estremeció de frío, y sintió una presencia que la helo el alma. Asustada se acerco a Shaylan, que la apremió para que buscaran un refugio.
El agua del río parecía batirse cada vez con más furia, y los árboles, ahora, se removían nerviosos ante algo que no comprendían y que ni siquiera podían ver. El joven agarró a Aiyana para que echaran a correr, pero cuando trató de tomar a su caballo por las riendas, y tranquilizarlo, este se excitó aún más, y comenzó a saltar elevando sus patas delanteras hasta el cielo. Shaylan, asustado, intentó tirarlo de las bridas y tranquilizarlo, pero solo consiguió que se sacudiera aún más, acabando este dándole una estocada con sus patas traseras. Y causando que con la fuerza del impulso, perdiera el equilibrio y fuera empujado contra Aiyana, haciendo que esta cayera sin remedio al río. El muchacho, tembloroso y asustado, y con su pecho aún ensangrentado, debido a la coz del animal, lanzó un gritó al cielo, y sacando fuerzas, de su corazón, porque de su cuerpo no podía, consiguió levantarse y lanzarse al río sin pensar, buscando a Aiyana.
El agua irracionalmente, cada vez estaba más caudalosa, y más arremolinada, haciendo que nadar o agarrarse a algo para salvar su vida fuera algo imposible. Aiyana rodaba rió abajo gritando por su vida, pero no conseguía ver a Shaylan. Algo la golpeó la espalda haciendo que quedara quieta e inmóvil en el río.
Shaylan luchó con todas sus fuerzas por nadar lo más rápido posible río abajo, y así salvarla, pero nadar entre ese torrente de aguas, que parecían movidas por las manos del demonio, era imposible. Así que se dejo caer y la vio, encaramada a una roca, y con la cara empañada en sufrimiento. Al verla movió las piernas con más fuerza.
Consiguió llegar hasta ella, y tomarla por la cintura, (estaba herida), su herida al rozar su piel le causo tal dolor como si él también hubiera sufrido una herida interna. La agarro la mano libre y la miró al rostro.
- Vamos a salir de aquí princesa, te lo juro.- la dijo con la mirada intensa, y tratando de luchar por que el agua no les arrastrara.
- He visto la cara a la muerte Shaylan...- dijo ella temblando, tratando de mantener la cabeza en alto y no tragar más agua.
El rostro del joven se lleno de una tristeza inexplicable.
- La muerte no es el final- comenzó a pronunciar, mientras veía como el agua actuaba de un modo extraño y sobrenatural.
El agua comenzó a arremolinarse entre ellos, mientras cada vez parecía que la profundidad de la misma era mayor. “¿De donde salía esa fuerza?”- se pregunto Shaylan. Era como sí la muerte los persiguiera, y entonces entendió a lo que se refería Aiyana.
- Te amare más allá de eso.- dijo mientras el agua se hacía más profunda y salvaje, y no paraba de agitarles.
De robarles su aliento durante segundos y devolver sus rostros a la superficie, en una lucha sin armas para ellos.
La pareja se abrazo, mientras se dejaban absorber por el agua. Sabían que su momento había llegado. Y no podían luchar contra ella. Ella era más poderosa que ellos juntos. Más poderosa que su amor.
- Soy libre y tu eterna.- la recordó, haciendo referencia al significado de sus nombres.
Ella sonrió por última vez en su vida. Después el agua engulló sus cuerpos. Sin tregua.
Pero tal y como había dicho Shaylan, la muerte no era el final, y del agua de pronto repentinamente tranquila, surgió algo tan hermoso, que ningún ojo humano hubiera podido apreciar. De ella surgieron Aiyana y Shaylan, pero solo fueron sus espíritus, sus espíritus reencarnados. El de Shaylan en una hermosa ave, de plumas vistosas y serena mirada, y Aiyana en una Flor tan bella, y de una pureza tan límpida que cualquiera que la mirara quedaría prendado de ella. Jamás se separó el pájaro de la flor, que la cuidaría más allá de la eternidad.
Capítulo 1. Océano Y Desierto
Noviembre 2006
Se despertó de un golpe, alterado y con el corazón latiendo a golpes en su interior. Un sudor frío le traspaso la nuca y se sentó en su cama aún temblando. Había tenido un sueño aterrador, pero buscando ahora en su memoria solo encontraba un nombre, y una única escena. Percibía a una chica, podía sentir aún la angustia que le producía algo terrible que a ella la ocurría, pero no conseguía recordar el que. Solo había sido un sueño, pero aún sentía la ansiedad tan fuerte en sus entrañas, como si hubiera sido real.
Miró hacia la mesita de su habitación, y vio que no eran más que las seis de la madrugada, y que solo hacia una hora que se había acostado. Recostó su cabeza de nuevo, pensando en ese nombre que había pronunciado en sueños. Aiyana. No conocía a ninguna mujer con ese nombre, ni siquiera sabía la existencia del mismo. Trató de dormir...., en vano. Finalmente se levantó de la cama, y fue en busca de su agenda electrónica. Rebuscó con impaciencia, el nombre de esa chica que había aparecido en su sueño. Pensando que quizá no la recordaba. Nada. No encontró nada, un montón de nombres de mujer, pero ninguno que se le pareciera si quiera. Se arrascó la nuca, mientras miraba hacia su alrededor, y se volvió acostar. Navegando por su mente, y con el corazón envuelto en intranquilidad aún, consiguió dormirse.
Se levantó sobre la una del mediodía, bajó a la calle, y mientras caminaba, algo le hizo entorpecer su marcha.
Escupió con fuerza contra la acera. Odiaban que hiciera eso, pero por ello precisamente lo hacía. Ni siquiera se acordaba del nombre de esa mujer, que decía haber pasado la noche de Halloween con él. Parloteaba y parloteaba sin parar, sin dejar un hueco para respirar en las palabras. Él la miraba a los ojos, pero no escuchaba ni una gota de conversación; en realidad estaba pensando en porque demonios tenía que pasarle siempre igual, dar siempre con mujeres con cerebro de mosquito, y cuerpo de portada del Play Boy. Cada vez se hacia más habitual, y todo lo que tuviera que ver con rutinas, horarios o deberes, lo detestaba. Así que la corto con la facilidad con la que los políticos hacen sus promesas, y se marcho de allí, pensando: “Sí a un cuerpo maravilloso, nunca más a un cerebro de mosquito”
El sonido de su móvil ahora, le recordó algo que casi había olvidado:
- Thomas lo sé, se que tenía que ir a esa prueba de sonido a las cuatro- dijo con tranquilidad, adelantándosele.
Aborrecía que le recordaran lo que tenía que hacer.
- Son las seis de la tarde, y tienes un concierto en tres horas- pronunció serio y amenazante el hombre, mientras pensaba que ese chico cada vez se reía más de él.
- Hay tiempo suficiente- replicó él con tranquilidad.
- Los músicos llevan esperándote desde las tres, y a los fans no les gusta esperar.- dijo tragándose toda la rabia, y la enervación que le producía.
Pero le merecía la pena tragar, ese tipo era una mina de oro, y no pensaba dejarlo escapar.
- Esperaran, yo soy la estrella ¿no?- dijo con aire petulante.
- Como no aparezcas ahora chico, suspendo el concierto- dijo a sabiendas, que eso poco o nada le importaba.
- Estaré allí, hoy no tengo nada mejor que hacer...jajaja- dijo soltando una carcajada y tratando de hacerse el gracioso.
Thomas colgó mientras lanzaba un suspiro de frustración y pensaba “No le soporto”
El chico siguió su camino, sin pensar ni en la señorita que le acababa de reclamar, ni en ese hombre. Su manager.
Cuando volvió a su habitación de hotel, cargado de bolsas llenas de vicios, en las que había malgastado su dinero. Se miró al espejo detenidamente observando su rostro; no tenía muy buen aspecto, un color violáceo rodeaba sus ojos azules, y tenía la mirada carente de brillo. En ese momento se arrepintió de la juerga que se había pegado la noche anterior, pero solo fue cosa de un segundo.
Esa misma noche había quedado con Jay, su mejor amigo, y entre sus planes para después del concierto tenía conocer alguna linda señorita, que le acompañara en sus largas y frías noches de hotel.
Miró hacia la formidable cama de su preciosa suite, vacía ahora. Bajó la mirada un segundo después, y trató de rebuscar en su memoria a la chica que hace dos noches la había ocupado. Pero debía estar tan borracho, que era incapaz de recordar nada; ni su rostro, ni el olor de su pelo, ni siquiera su nombre.... Una luz se ilumino en su interior, y penso que quizás se llamaba Aiyana, sacó el móvil de su pantalón, y miro el último numero agregado. Jenny, Jenny era su nombre. Un escalofrío le recorrió la espalda, y se volvió a mirar al espejo. Empezó a notarse el corazón como palpitaba en su interior, como avisándole que algo en todo aquello no encajaba, pero apretó los dientes.
Tenía que ser fuerte, no se fiaba de nadie, ¿cómo podía hacerlo, si hasta su familia lo fallaba? Estaba completamente solo, pero tampoco le importaba. Al menos eso se hacía creer a si mismo cada día. Nadaba en un mar de tiburones, y sabía que si bajaba la guardia en cualquier momento podía ser atacado.
Al otro lado de la ciudad. Una joven caminaba a paso ligero entre todo ese mar de gentes que andaban a velocidad, en una de las travesías más concurridas de Los Angeles. Chocando unos con otros, sin pensar, solo absortos por sus vidas, y sus preocupaciones.
Odiaba la vida en la ciudad. Todas esas calles llenas de gente; el ruidoso tráfico, los humos intoxicantes de las fábricas, de los coches; el asfalto duro y frío. Era un ambiente asfixiante, y cada vez que su vida corría más deprisa y de modo estresante como ese día, se acordaba de sus veranos en Soul. Un pueblo de Montana, donde el aire era tan claro y limpio que se podían ver con claridad las nubes y las montañas; donde las luces de la noche no estaban hechas de helio y electricidad, estaban hechas de estrellas.
Llevaba tres meses sin hacer otra cosa que ir a trabajar. Su madre cada vez estaba más enferma y eso la anulaba a ella como persona, dejándola reducida a un cerebro con un único pensamiento: Cuidarla.
Acababa de salir de comprar unas medicinas para ella, y había cogido la línea siete del metro en dirección a Floor Tree, donde se encontraba su lugar de trabajo. No era más que una dependienta de uno de los grandes hipermercados Wallmart. Solo era una de entre las doscientas personas que ofrecían sus servicios a la gran superficie, y así se sentía, una entre muchos.
Nada más entrar a la zona de los vestuarios, tropezó con uno de sus jefes que la miró sin prestarla el más mínimo interés, ella elevó la cabeza en un ademan de saludarlo. Se quedo con el saludo en la boca...... No es que la importara, pero se sentía como un grano de arena en la inmensidad del desierto, y siempre había sido así, incluso cuando era niña. Siempre había tratado de pasar desapercibida y sin necesidad de ocultarse mucho lo conseguía. Se sentía incomprendida, como si perteneciera a un mundo que no la correspondiera, como si su vida en realidad formara parte de otra época, o de otro momento.
Se puso su uniforme como cada día, pensando en una única cosa en ese momento. En algo que era capaz de sacarla de su mundo y llevarla hacia uno en el que solo ella era la protagonista. Y una vez en su puesto de trabajo solo deseo que llegaran las nueve, (su hora de salida), para encontrarse con él. Ese día sonrió con más fuerza a sus clientes.
Capítulo 2. Responsabilidad
La luz amarillenta de la farola luchaba en la oscuridad, dando albor a la única persona que se encontraba en soledad allí esa noche. Anne aguardaba a la desesperada la llegada de su amiga. Eran más de las ocho, y hacía más de una hora que había pasado el momento en el que habían fijado su encuentro. Nerviosa, por la soledad de esa calle, y por la tardanza tan inusual en su amiga, un frío irremediable se apoderó de ella. Buscó el móvil en su bolso, y se arrepintió de no haber cargado su saldo antes de salir. Se fijó en la pantalla, y sacudió la cabeza incomoda ante la inexistencia de noticias.
- ¡¡No vas a ir!! Y es mi última palabra.- pronunció autoritario, mientras atendía al vestuario que su hija se había colocado, para esa noche.
- No puedes prohibírmelo, soy casi mayor de edad- se refugió la chica en sus propias palabras.
- ¿Y tu madre? Acaso no te importa para irte por ahí, y no cuidar de ella- Arremetió el padre, sin pensar en las palabras que salían de su boca.
- ¿Cómo puedes estar diciendo que no cuido de ella?- vociferó ofendida e irritable la joven.
- ¡DANIEL!- gritó una voz procedente de fuera de la habitación que se situó ante sus ojos, en el umbral de la puerta.
La chica y el hombre se giraron, y vieron a Sylvia. Con su bata azulada, anudada a su fina cintura, y su rostro ungido por el sufrimiento que mellaba cada límite de su fino rostro.
- Mama- aclamó la jovencita corriendo a brazos de ella, para abrazarla - Siento haberte despertado- dijo con la voz rota.
- No importa mi amor- dijo ella acariciando la espesura de su cabello.
Él padre admiró la escena, quedándose inmóvil y rígido. Su furia se apaciguo observándolas. Pero la seguía guardando en su interior, una ira producida por un sufrimiento que vivía cada día al lado de su esposa. Algo que quemaba sus entrañas, viendo como la vida de la mujer a la que amaba, se le escapaba entre los dedos.
Ella no tenía la culpa, pero la exigía más allá de sus posibilidades. Sin apreciar que su hija, trabajaba día y noche, por y para su madre. Su niña. Solo tenía diecinueve años, pero conocía las dos caras más amargas de la moneda más valiosa que poseemos: la vida.
- Tengo que llamar a Anne mama, estará preocupada, ¡pero papa no me deja!- protestó la joven lanzando una mirada de recelo a su padre.
- Dany, ¿qué es lo que pasa?- dijo Sylvia colocando una mirada seria en su marido.
- Quiere ir a un concierto, del melenitas este....- dijo sabiendo que su mujer ya sabía a quién se refería. Su hija bebía los vientos por ese cantante. -pero es en una discoteca...- farfulló- Y es muy joven aún...
- ¡Por favor!- exclamó con ironía Sylvia- Tiene diecinueve años, te recuerdo que tú a su edad llegabas a casa al día siguiente, y ella ni siquiera sale. No puedes quitarle a tu hija, la mayor ilusión que tiene en este momento, y es ese concierto.
La chica suspiró a conciencia y lanzó a su madre una mira de agradecimiento.
- Además- siguió- Se merece salir, no hace otra cosa que cuidar de mí, e ir al trabajo, esa no es vida para una joven de su edad...- se recordó la madre, echándose la culpa.
La pesada losa de su enfermedad, que también cargaba ella. Y cada día se juzgaba a si misma, y veía a sus ojos como la vida de su chica, no había sido, ni era, un mundo de maravillas y experiencias.
- No me importa salir, ni las discotecas, solo quiero ir a ese concierto, hoy.- dijo mirando a sus padres, que la miraban con atención.
Y su madre tenía razón. Ella no era como las demás. Siempre había echo lo correcto, siempre había echo lo que los demás esperaban de ella. Su lema, y su batalla era la responsabilidad que cargaba a sus hombros, y afectaba a cada aspecto de su vida. Y siempre cumplía.
No le gustaban las discotecas, porque no se sentía a gusto en ellas.
Solo había habido un muchacho en su vida, y era todo lo correcto y lo educado, que cualquier familia podría desear para su hija. Solo que el pasar del tiempo, había convertido su amor en una agónica rutina, de la que había tenido que escapar. No se sentía enamorada, en realidad nunca lo había estado. O eso creía.
Su padre se acerco a ella, ahora, con tranquilidad y sosiego en su mirada dorada.
- Mi princesa- emitió, sintiendo que cada vez que miraba a los ojos de su pequeña, merecía la pena vivir.
Siempre la llamaba Princesa, desde que era pequeña. La chica sonrió resuelta.
- Prométeme que volverás pronto a casa, y que tendrás cuidado, y que..
Sylvia le tapo la boca, haciendo que la muchacha rompiera a reír, entre emocionada y llena de felicidad.
- Vete cariño- dijo la madre por fin- Ve y diviértete- Terminó guiñándola un ojo.
Ella se mordió los labios, y se apresuró hasta el recibidor. Cogió su abrigo rojo, y respiró hondo.
Cuando llegó a la calle Preston, se encontró con la esbelta figura de su amiga, meneando la pierna a modo nervioso y mirando él reloj de su muñeca, como si los latidos de su corazón dependieran de ello. Echó a correr.
- ¡Te mato!- dijo mirándola con los ojos bien abiertos.- Te mato, te mato..- empezó a repetir, sin parar.
- Lo siento Anne...- dijo ella bajando la cabeza, avergonzada.
- ¡Dios niña!, creí que te había pasado algo, ¿Cómo no me has llamado?, ¿Qué es lo que ha pasado?
Ella la miró, en una mirada llena de significado. Una mirada que su amiga conocía muy bien.
- Tu padre.- dijo ante la muda respuesta de su amiga.
- Si...por poco no me deja salir. He tenido una con él..., pero...- titubeó- no quiero hablar de ello ahora.
- Como quieras,- pronunció Anne mirándola inquisitivamente, y atreviéndose a preguntar- ¿Tu madre esta..., está bien?- dijo en una señal de preocupación.
Ella sabía que la vida de la madre de su amiga pendía de un hilo.
- Si...- respiró- No es nada de eso....pero vamos, ¿no querrás llegar tarde?- dijo sonriéndola.
Anne ahogó una sonrisa, y se cogió del brazo de su amiga, golpeándola en el hombro.
Capítulo 3. Paralizada
La discoteca estaba a rebosar de fans. El recinto era lo bastante grande para albergar un evento de esas características. Pero así todo, toda esa juventud vista desde fuera, parecían sardinas enlatadas. El lugar era ovalado, lo que daba una mayor visión del escenario, y, había dos zonas en la discoteca: La sala común, que es por donde se entraba al lugar, que ocupaba toda la capacidad del local, y la sala V.I.P, que bordeaba la discoteca en la segunda planta.
Las dos amigas se miraron una a la otra nada más entrar por la puerta, y observar el panorama.
- Lo siento.- dijo de nuevo. – Si hubiera llegado antes....
- Ya no podemos hacer nada, así que vamos a intentar colarnos lo más que podamos hacia delante.- dijo Anne, cogiendo a su amiga por la mano.
Se abrieron paso entre la multitud como pudieron, y solo lograron llegar a la mitad de la pista de la discoteca, hacia la izquierda del escenario. Las fans de las primeras filas parecían pegadas con un super pegamento a la primera fila, y estaba claro, que a menos que pasara un tornado por allí, no se iban a mover.
Las luces de neón y los flashes de la discoteca se apagaron de pronto, dando paso a la oscuridad. Ambas amigas suspiraron. Una y otra se cogieron de la mano, frenéticas, mientras veían como una luz se encendía poco a poco, dando paso a una visión completa del escenario. No era muy grande y tampoco mostraba espectacularidad, pero eso no importaba. Lo primordial estaba por aparecer.
Los instrumentos, y los músicos, ya en escena, se dispusieron a empezar. Nada más sonar la primera nota de batería, dando paso a la melodía perteneciente a la primera canción de la noche, el gentío empezó a hacerse notar, con sus gritos, sus chillidos que retumbaban los oídos de los más silenciosos. Y cuando el protagonista hizo su aparición, los corazones de los presentes estallaron contra el escenario, reventando en un mismo grito incluso más atronador, que una tormenta de verano. El concierto había empezado.
Las dos amigas, se miraron incrédulas, y envueltas en una burbuja de ensueño. Algo con lo que fantaseaban cada noche, se estaba haciendo realidad ante sus ojos. Y no podían dejar de mirarse entre ellas, extasiadas por la embriagadora presencia de su ídolo.
El chico parecía manejar a la muchedumbre a su antojo, y sabía como utilizar cada mirada, y cada nota de su voz para hacer que sus fans disfrutaran al límite. Se sentía como un actor, en un imponente escenario, interpretando un papel que en realidad no era. Se alimentaba del éxtasis que le producía toda esa aclamación, bebía de ello, y se crecía, creyéndose flotar. Llegaba al cielo.
En un descanso, entre canción y canción, una de las chicas, se empezó a encontrar mareada. Parecía sentir toda esa gente tan cerca, como si la estuvieran aplastando los pulmones y no pudiera respirar; de pronto un calor se apodero de sus mejillas, encendidas ahora en rojo. Al instante sintió algo que conocía muy bien, una sensación que la oprimía, y que la hacía sentirse como en una habitación sin ventanas. Miró a los castaños ojos de su amiga, brillando con una luz imposible de descifrar, estaba embrujada por su cantante favorito. Así que se dijo a si misma, que saldría de allí sola.
- Anne- la llamó acercándose a su oído, y comenzando a toser- Voy un momento al baño. No te muevas de aquí y guardame el sitio para cuando vuelva.- dijo sonriéndola y tratando de ocultar su malestar.
- ¿Estas bien?- se alertó, viendo como su amiga se agarraba del pecho.
- Sí...- susurró- Solo es un leve ataque se me pasara.
- ¿Has traído el inhalador?
- Si, ahora vuelvo, ¿vale?- dijo incapaz de ocultar una triste mirada.
No quería moverse de allí, no quería perderse ni un segundo de la presencia de ese chico. Pero tenía que salir de ese agobio que la abrazaba por completo sin dejarla respirar.
Tenía asma desde que era una niña, y aunque lo tenía controlado, siempre aparecía cuando se ponía muy nerviosa, o de manera inoportuna, como en ese momento.
- No voy a dejarte sola, te acompaño- dijo Anne decidida, agarrándola de un brazo.
- Por favor....- dijo casi con un resquicio de su aliento atrapado en sus pulmones. Tomó aliento y consiguió pronunciar por fin: Es nuestro día, no quiero estar haya atrás- dijo señalando el final del recinto- cuando vuelva, quiero estar igual de cerca que ahora...
Anne asintió muy a su pesar. Y su amiga se marcho de su lado. Y aunque su cantante tan adorado comenzó a cantar una de sus canciones favoritas, no consiguió disfrutarla del todo. Su pensamiento se había ido con su amiga.
Una vez consiguió salir de la masa de gente que rodeaba el escenario, tomó su inhalador e inspiró con fuerza, notando como el polvo de aquel aparato se colocaba en sus pulmones expandiéndolos. Se encontró algo mejor, miró hacia el escenario, ahora, y vio como las luces del mismo se apagaban en ese instante. Debía ser un descanso, así que aprovechándolo, se dispuso ir a al baño, para refrescarse, porque aún se encontraba un poco agobiada. Miró a su alrededor buscando los servicios, pero con toda la gente que había, se hacia bastante dificultoso. De pronto a su derecha, atisbo unas escaleras, se dispuso a ir hasta ellas. Pero al alcanzarlas, vio que una cinta roja, impedía el paso, dudo de si pasar o no, pero al mirar hacia la parte alta de las mismas, vio dos puertas, y vio claramente que se trataba de los servicios. Así que se agacho debajo de la cinta, y se fue decidida hasta los lavabos.
Una vez dentro, la imagen de una chica, la hizo centrar su atención. Era una chica alta, rubia; era guapa, pero iba demasiado maquillada, y llevaba un vestido que marcaba cada una de sus curvas. Poco sutil, pensó, pero luego se miro al espejo, mirando de reojo como ella se maquillaba, inevitablemente se comparo con ella, y fue como comparar un caballo espectacular, con un pequeño pony.
Se mojo la cara, y volvió a coger su inhalador, todavía se encontraba ahogada. Iba a meterse al interior del servicio, cuando aquella chica la hizo pararse en su propósito.
- ¿Has venido a verle?- preguntó mirándola con cierto recelo. Algo que a ella la gustó, nunca se había visto rival para nadie, y menos con una chica como esa.
- Sí.- afirmó ella, atónita ante la pregunta.
- Oh tía...- dijo de pronto- Yo paso de esto, sabes....
Y la iba a responder con algo, decir algo más, pero sus palabras quedaron pegadas en sus labios, porque la chica desapareció de su vista. Frunció el ceño, sin entender.- ¿A que venía eso?- se preguntó. Pero no encontró la respuesta.
Cuando terminó, salió afuera, y nada más cerrar la puerta de los servicios, un hombre corpulento y de facciones agrias, se acerco hasta ella. La hizo un examen con su vista, algo que la hizo sentirse totalmente incomoda, y dijo:
- Te esta esperando, vamos- dijo girándose, dando su espalda, y comenzando su paso hasta una puerta que estaba a unos metros de allí.
Ella se quedo inmóvil. Iba a preguntar, quién la estaba esperando, pero no fue capaz de pronunciar palabra ninguna. El hombre, percibió que la chica no lo seguía, y se dio la vuelta, mirándola inquisitivamente.
- ¿A que estas esperando?- la preguntó.
- No...no entiendo.- dijo ella con cierto temor de pronto.
El hombre la miro, con burla en sus ojos.
- ¿Quién me esta esperando?- preguntó por fin.
El tipo, soltó ahora, una carcajada. Pero no la contesto, ando tres pasos más hasta llegar a la puerta. Y la abrió. El tipo se volvió hasta ella, mirándola ahora, como si fuera algo muy gracioso. Y se fue.
Estaba a punto de irse, pero su curiosidad, fue mayor, y ando un poco hacia la derecha, para ver quién estaba allí, por un momento la imagen de su ídolo se le pasó por la cabeza. – ¡Que estúpida!- se dijo luego. Su móvil, la despertó de toda esa confusión, e iba a contestar, ya le tenía entre las manos, pero una imagen que conocía muy bien salió de esa puerta. Se quedó sin respiración durante un segundo, y sus manos se hicieron de mantequilla, haciendo que el móvil cayera hasta el suelo.
Nick Carter la miraba, ahora, sin entender, y ella le miraba sin creerse el tenerle en frente. El silencio duró varios incómodos segundos, hasta que él reacciono.
- Hola- dijo solamente.
- Ho..la- dijo ella torpemente. Solo era una palabra, pero su corazón que latía a tres latidos por segundo, parecía encerrar sus palabras, haciéndola incapaz de pronunciarlas.
- Creo que alguien te llama- dijo Nick mirando el teléfono de la chica en el suelo.
Ella reaccionó, y bajo con rapidez al suelo, para recogerle. Era una llamada perdida de Anne.
Nick echó sobre ella, un vistazo rápido. Y por primera vez en su vida, sintió que no sabía que decir. Y no era por que la chica le hubiera impresionado, sino porque no entendía, que clase de jugada, estaba haciéndole su guardaespaldas.
- ¿Tú que haces aquí?- la preguntó por fin.
- Un hombre dijo que Nick, que tu...,- empezó a pronunciar sintiéndose más estúpida a cada palabra que hablaba- que....que alguien me esperaba.
Nick, pensó, o es completamente idiota, o esa una de esas fans histéricas, que tan molestas se le hacían en ocasiones.
- Entiendo.- dijo él, volviéndola a mirar como si de un objeto se tratara. – Bueno pues ya que estas aquí, empecemos con algo- dijo mirándola a los ojos, y humedeciéndose los labios.
Algo se rompió en el interior de la chica, ante esa imagen, ese simple gesto. Era incluso más guapo en persona, si es que eso era posible. Sus piernas, fueron ahora, las que empezó a notar como flojeaban de los nervios.
Pero otra vez, las palabras se quedaron encerradas en sus labios, y en su corazón. Era incapaz de decirle nada, ni siquiera preguntarle, que - ¿a que venía todo eso?, ¿qué no entendía nada?
Él, se extraño en seguida, no era una histérica, no se le había echado al cuello, y ni siquiera pronunciaba cosas superficiales, como era habitual, en las chicas con las que normalmente se topaba. Más bien le incomodó su silencio. Las chicas tímidas, no entraban en su lista, y nunca sabía muy bien como reaccionar con ellas, así que casi siempre optaba por crecerse ante ellas.
- ¿Qué pasa es tu primera vez?- dijo en un tono de guasa, haciendo que apareciera en él una de sus mejores sonrisas.
La chica admiró ese hecho, pero seguía sin entender nada de lo que decía.
- Sí... - dijo de pronto, dando por hecho, que claro, que era la primera vez que lo veía.- Soy una gran admiradora- se afirmó respirando hondo, para pedir algo que deseaba de él- ¿ Puedes darme un autógrafo?
Nick quedó descolocado. Pero inmediatamente después tomó su petición, como una picardía en ella.
- ¿En donde le quieres....?- preguntó con un tono de peligro, acompañado de una de sus miradas airadas, que hizo que ella, se quedara impresionada del poder que emanaba.
Veía su mirada, en las fotos, en los vídeos, pero nunca creyó que tuviera tanto poder en persona, y en una persona. Sentía que esos ojos azules la traspasaban la piel, era como si la acariciaran.
En un segundo se dijo a si misma, que se estaba comportando como una estúpida, lo cierto es que las cosas que decía Nick no eran muy locuaces. Y, en otro momento, si un chico la hubiera hecho ese tipo de comentarios, hubiera pensado que era un estúpido, o algo peor, un baboso. Pero en ese instante estaba cegada, por su presencia, y era incapaz de distinguir.
La chica sacó, con manos temblorosas, mientras él la observaba con cara de sorpresa aún, un folio cuadriculado arrugado en su bolso, y se lo mostró.
- Lo guarde por si acaso- dijo con voz temblorosa, pero con una sonrisa de felicidad.
Él lo tomo de su mano, mientras la miraba, y la pregunto con voz suave.
-¿Cómo te llamas?
- Aiyana- dijo ella navegando feliz por sus ojos azules.
La sangre de Nick se congeló en sus venas, y la miró, ahora, como si de un fantasma se tratara.
Capítulo 4. La chica equivocada
-¿Cómo has dicho?- insistió mirándola, como si fuera un espejismo.
- Aiyana- repitió ella, pensando que cada vez entendía menos a ese Nick.
El chico desvió la mirada. “¿Qué me he bebido hoy?- pensó”.
Él fue el que titubeo ahora.
- Un momento...., tengo que....que hacer una llamada.- dijo girándose a rapidez, para perder cuanto antes de vista a esa chica.
“Esto tiene que ser una broma”, se decía a si mismo, “debí contarle a Kevin (Su guardaespaldas), mi sueño”
Cogió su móvil, y observó asustado, que tenía cuatro llamadas de él.
- ¿Qué te pasa tío? Thomas esta que arde, llevas quince minutos de descanso, ¡y son cinco!, la gente esta abucheando a los músicos.
- Se me ha pasado,- dijo quitándole importancia, no le parecía tan grave- es que me ha pasado una cosa muy rara con esta chica...
Kevin le interrumpió.
- ¿No puedes esperar a después del concierto para tirarte a la rubia Nick?- dijo con tono de guasa, pero notablemente harto, de su falta de responsabilidad.
Se llevaban bastante bien, pero a pesar de ello, Kevin que era un hombre mucho mayor, no podía evitar sentir que ese chico aún tenía muchos huecos en su cabeza. Y aunque en el pasado había intentado, hacerle sentir la realidad, por el aprecio que le tenía, había visto solo, como respuesta en él, ignorancia y malas contestaciones. Había desistido.
- Ya hablando de rubia...- murmuró - ¿Te dije que me gustaba la chica rubia de la primera fila, no? – dijo con un tono marcado.
- Déjate de juegos Carter, y baja ya, o el señorito Brian Thomas te corta el cuello.
- Es que aquí hay una chica, y ni rubia, porque es morena, y encima medio metro.- dijo con tono de desprecio.
- ¿Eh? A mi no me cuentes historias, que yo a la rubia la acompañe hasta el privado, si vio tu careto y se largo es tu problema jajaj- dijo chistoso.
- ¡Que te jodan tío!
- ¡¡Baja!!- gritó ahora Kevin.
Y eso hizo. Casi había olvidado a Aiyana, así que cuando salió por la puerta y la vio con ojos asustados, pero enormes y brillantes. Algo se conmovió en su interior, pero incapaz de darle significado, cogió la hoja de las manos y puso:
Para Aiyana la chica equivocada. Y firmó.
La chica miró la rubrica, más confusa aún. Y él la dijo:
- Baja a la pista, ¿no te querrás perder el concierto?
Sonrió, por respuesta. Le dio un gracias lleno de significado para ella, aunque vació para él, y corrió escaleras abajo.
Aiyana se abrió paso entre las fans, que aguardaban impacientes y molestas la reaparición de su ídolo, mientras la miraban a ella con cara de pocos amigos. Una chica corpulenta y con cara de hastío, la cortó el paso, mientras gritaba con voz de mando:
- ¿A dónde crees que vas?
- Mi amiga esta allí- dijo señalando unas filas más adelante, pero un poco asustada, no quería problemas con nadie.
- Si ya eso dicen todas....
Y dijo algo más, pero para Aiyana ya fue un vago rumor, porque se desasió de ella, cambiando de dirección, e intentando llegar hasta su amiga. Y nada más alcanzarla, Nick apareció en el escenario, ante los aplausos enfervorecidos de sus fans.
- ¡Aiyana!- exclamó Anne con relajo.- Ya estaba preocupada.- Justo a tiempo, ha hecho un descanso larguisimo.- dijo mirando a Nick y aplaudiendo como loca.
- Anne, HE ESTADO CON ÉL- trató de elevar la voz, para que su amiga la oyera, entre toda esa música, y barullo.
Pero la chica, ya estaba ensimismada en los movimientos de Nick en el escenario. Y no la oyó, y solo dijo por respuesta:
- Habéis aparecido a la vez, cualquiera diría que estabais juntos tía jajaj.- dijo divertida.
Pero Aiyana tampoco fue capaz de entenderla. Y se aguantó las ganas de contarlo, hasta el final del concierto.
Poco a poco la gente se fue disolviendo, formando masas de gente separadas.
El concierto había terminado, y quitando las más rezagadas, la mayoría de la gente había ido desapareciendo del local. Cuando ya quedaban apenas, unas veinte fans, las dos amigas, quedaron en un rincón del lugar, Aiyana retuvo a su amiga, quería contarle todo, todo lo que había pasado una media hora antes. Estaba precipitada, y sus palabras querían salir disparadas, ya.
- Le he visto, tía, cuando subí al baño, mira- dijo atropelladamente, mientras sacaba con manos temblonas la hoja que él había firmado.
La mirada de su amiga se agrando, en una expresión de increíble sorpresa.
- En serio....- empezó a decir, aún sin creérselo- ¿Pero cómo?, y ¿qué te ha dicho?,¡¡ cuenta!!- la urgió, agarrándola de los brazos.
- Bueno de lo que ha dicho, la verdad, no me enterado de nada, supongo que estaba en otro mundo, pero es guapisimo en persona, su mirada es algo wow- dijo con tono soñador, dejando que su memoria viajara a ese momento.
- ¡Ya pero eso ya lo se!, ¿Qué te dijo?, ¿Cómo llegaste allí?- volvió a insistir Anne.
Aiyana la contó toda la historia, de cómo había llegado hasta allí, lo que paso con aquella chica rubia, todo lo que Nick la había dicho, hasta llegar a esa extraña firma. Mientras Anne ponía toda su atención en ello. Pero de pronto, esta se quedo muda. Aiyana, esperaba otro tipo de reacción en ella, más efusiva, ilusionada, pero estaba callada, y la miraba de un modo extraño.
- ¿Qué es lo que pasa?- preguntó Aiyana, con tono neutral.
- Es que mira, me esta dando un asco ahora mismo..., aunque ya sabíamos como era..., pero a veces llegas a creer que la prensa exagera las cosas, pero por lo visto es un hijo de petarda con todas las palabras.- pronunció Anne desalentada, y con desanimó en cada palabra.
Aiyana se quedo callada un momento, pensando, a que venían todas esas palabras que su amiga pronunciaba con esa mirada en sus ojos, y cuando reaccionó, solo se le ocurrió una cosa en la que pensar.
- Bueno si, Nick es un mujeriego y tal, y la verdad que los comentarios que hizo, no fueron nada...- no encontraba la palabra.- elocuentes, pero es un tío ¿qué podemos esperar? jajaj- dijo tratando de hacer una broma ante todo aquello que no entendía.
- No es eso Aiyana.- dijo seria, su amiga- ¿Sabes porque te ha puesto para la chica equivocada?- dijo tomando el papel firmado por Nick entre sus manos, como si le diera asco. La chica meneó la cabeza- La rubia que viste en el baño, era una “groupie”, una petarda, vamos- dijo con claridad- Por eso te hizo todos esos comentarios, él debió creer que tu eras su polvo de esa noche.
El castillo de fantasía que se había construido Aiyana en su cabeza, se desplomó a sus pies, y de pronto sintió como si alguien la hubiera pegado una patada en el estómago. Anne buscó su mirada que ya se hallaba oculta, bajo su espeso cabello.
- No merece la pena, que te lleves un disgusto...- dijo tratando de solventar todo aquello- Me enteré, porque vi como el guardaespaldas de Nick, Kevin, subía a una chica de las primeras filas arriba, iba vestida como una fulana..., seguro que no era ni fan, e iba allí, para lo que sabemos.
- ¿Cómo pudo escribir esto?- dijo Aiyana sujetándose las lagrimas con los hilos de la rabia, mientras tomaba la firma de las manos de su amiga.- Si se quiere tirar a toda la discoteca, que lo haga joder, pero que no juegue con las personas así.....Dios, no me quiero ni siquiera imaginar lo que dijo cuando me dejo para llamar a su guardaespaldas, jugó conmigo todo el tiempo.....
- Si, se podía haber ahorrado todo, haberte firmado como una persona normal, y listos. Pero sabes no le des más vueltas, no merece la pena.- dijo Anne meneando la cabeza.
- Claro que no.- afirmó Aiyana, mientras rompía el pedazo de papel firmado y lo lanzaba al suelo con rabia.- Vámonos de aquí, esto apesta.
Al otro lado de la discoteca, Nick salía con Kevin y su amigo Jay, de los privados, una vez vieron que la mayoría de las fans se habían ido. Iban dispuestos a tomarse una copa, cuando Nick avistó, la delgada silueta, de una chica morena de largo cabello, que iba con otra chica, en dirección a la calle. Esa chica, no era nada para él, se dijo; en algún otro momento, ni siquiera se hubiera fijado en ella, pero algo irracional le hizo moverse en su dirección. Sin saber porque, necesitaba saber más cosas de ella. Se recordó, que su nombre le había aparecido en sueños, sin ni siquiera conocerla, y esa misma noche ella había aparecido, con la imagen de esa chica. Y se justifico a si mismo con ello. Echó el paso hasta las chicas, y una vez las paró el paso, se colocó en frente de ellas.
- ¿A donde creéis que vais señoritas?- dijo mirándolas a ambas.
Anne se quedo paralizada, y Aiyana comenzó a notar su agitado corazón en las sienes. Miró a su amiga, ella se merecía su propio momento con él. Pero para su sorpresa, Anne, que en apariencia, siempre era cohibida de primera mano, lanzó una mirada fija a Nick, y pronunció alto y claro.
- No creo que eso sea de tu incumbencia.
Aiyana, la miró de reojo, y la iba a decir, que no la importaba, que se tragaría su rabia, si ella quería pedirle un autógrafo, o estar un rato con él. Pero se sintió tan bien de tener una amiga así, que se atrevió a sonreírle con fuerza y burla.
- ¿Y si os invito a una copa?- dijo arqueando una ceja.
En ese momento ambas se quedaron calladas, y luego casi a la vez, como atraídas por una conexión entre ellas, se giraron para mirarse. Su mirada duró varios segundos, pero no necesitaron decirse palabras para entenderse. Luego le miraron a la vez, mientras el chico abría bien sus ojos esperando una contestación.
Capítulo 5. Muchas cosas para una noche
- Esta bien, vamos.- soltó Anne sin más, mientras Aiyana sostenía esas palabras con su mirada.
Y antes de que Nick diera un paso, las chicas se le adelantaron en dirección a la barra. El chico se quedo un poco desconcertado, pero las siguió. Una vez allí, Aiyana buscó con ojo avizor a algún camarero para que las atendiera, y una vez localizó a un chico, lo llamó intentado hacer sonar su voz por encima de la ruidosa música del local. Él camarero advirtió la llamada, y posó su mirada en ella. A Aiyana se la escapo una exclamación de sorpresa, ante el chico que se acercaba con paso bailarín hasta ella.
-¡¡No me lo puedo creer!!- dijo el chico abriendo bien los ojos para mirarla mejor.
- ¡¡¡Yo menos!!! Hola, ¿cómo estás?- respondió ella con emoción en su voz.
- Estas guapisima,- dijo tocándola el pelo, y haciendo que ella se sonrojara -¡Cómo has crecido!
- Gracias...- dijo en un susurro.
- ¿Y cómo están tus padres? , ¿Y tú madre?
- Mi madre sigue más o menos- dijo incapaz de dar más explicación a la enfermedad de su madre, mientras bajaba la mirada- y mi padre pues como siempre la verdad- En ese momento levantó los ojos y le preguntó a él con interés.- ¿Y tú, cómo te va? Hace un montón que no sabemos nada de ti....
- Pues bien aquí me tienes, ya sabes como soy Alex Mclean el trotamundos, de aquí para allá jajaj- dijo girando la cabeza de un modo gracioso, Aiyana sonrió.- Pues estuve en Italia, allí me dediqué a la buena vida como dicen, y decidí volver a los Estados Unidos, porque un buen amigo me ofreció trabajar para una galería de arte. Y aquí estoy pluriempleado- dijo mientras posaba sus manos llenas de finos y delicados dedos, sobre la barra- Por las mañanas en la galería, y los fines de semana en este bar de pijos - dijo mirando a su alrededor.
Aiyana miró a Anne que miraba con verdadera atención a Alex.
- ¿Y Nick?- preguntó de pronto, mientras miraba hacia atrás, y sentía un especie de extraña decepción.
- Dijo que ahora venía- dijo Anne suspirando.
La chica asintió, luego miró a Alex y los presento.
- Este es Alex, y ella es Anne, mi mejor amiga.
Alex inclinó el cuerpo encima de la barra, mientras se agachaba para dar un beso a la chica.
- Encantado.
Anne sonrió algo retraída. Todo lo que estaba pasando aquella noche la sobrepasaba, había tenido a Nick a unos centímetros de su piel, le había contestado de malas maneras, y ahora su amiga le presentaba a ese chico de ojos tan enormes, y sonrisa tan encantadora.
- Bueno ¿qué queréis?, venga os invito. – dijo Alex con ilusión.
Alex era primo de Aiyana, por parte de su padre. Y, cuando era jovencito, siempre se había sentido como un pájaro atrapado en una jaula. Le gustaba la independencia, volar por el mundo, libre y sin preocupaciones.
Aiyana siempre lo había querido como al hermano mayor que nunca había tenido, pero un día muy a su pesar había desaparecido de sus vidas, sin saber absolutamente nada de él, hasta ese justo momento. Así que ese cruce de caminos en ese instante, era realmente especial, y extraño.
Aiyana se le quedo mirando durante varios segundos, y aunque deseaba hacerle mil preguntas sobre su vida, él porque de su repentina desaparición, cuando solo contaba con diecinueve años. En ese momento su cabeza luchaba contra otros pensamientos que la invadían acechando cada límite de su cabeza. Nick Carter.
- Teníamos pensado que nuestro amigo Nick nos invitara.- dijo Aiyana irónica, mientras miraba a su amiga que parecía que se había quedado sin lengua.
- Nick Carter- dijo Alex, en un sonido casi de desprecio- Habéis estado en el concierto de ese tipo, claro, entiendo- dijo con una mirada extraña de alerta.
- Si....- dijo Aiyana- En realidad, ahora teníamos pensado jugarle una, porque se ha portado como un cerdo.
Aiyana le contó la historia a su primo, sintiendo como si el tiempo que había separado su amistad, no hubiera sido más que un ligero descanso en sus vidas. Se volvía a sentir extrañamente unida a él, y a pesar de su timidez, era como si los años se hubieran borrado de un plumazo, y volviera a estar con el Alex de diecinueve años. Solo que ahora debía rondar los treinta, y el paso del tiempo había dejado un claro rastro en su cabeza, que aparecía con unas extensas entradas, que a pesar de ello, no le restaban atractivo.
- ¿Y qué tenías pensado hacerle?- preguntó Alex con interés mientras miraba atento a Anne, que parecía sumergida en sus propios pensamientos.
- La verdad que..... no aún no lo sabemos....- dijo como decepcionada Anne.
- No- corroboró Aiyana- Además es que acaba de ocurrir, y no íbamos a hablarlo delante de él.
- Lo mejor es que paséis de él, largaros justo cuando vuelva, para que se le bajen los humos a ese chulo- dijo Alex con ira contenida en sus ojos oscuros.
Las amigas se miraron. Y Aiyana sintió una fuerte desilusión en su pecho, toda la rabia con la que habían mirado a Nick, parecía morirse ahí, y como siempre, se sentía estúpida e incapaz de hacer más que salir corriendo, como su primo las animaba. Siempre que la hacían daño, reaccionaba así, huyendo. Escondiendo la cabeza debajo del cascarón.
- ¿Qué hacemos?- preguntó a Anne, aunque a sabiendas que su amiga era demasiado parecida a ella, como para reaccionar de otra manera.
Realmente su pecado, era el ser demasiado buenas.
- No se ni que decirle ya...- la valentía con la que le había dicho esas palabras hace un momento, ahora parecía escondida en ella.
- Yo tampoco- dijo avergonzada.
En realidad lo que de verdad la apetecía era irse; aún sentía ese vacío en el estomago, como si alguien la hubiera robado algo de su interior. Pero quería verlo, por última vez en su vida.
- Pues pensarlo rápido, porque viene hacía aquí- dijo Alex levantando la cabeza para mirarlo en la lejanía.
Nick andaba hacia ellos, mientras las chicas no podían evitar mirar su forma de caminar, segura y relajada, cada paso que daba, parecía decir: todo lo que sea que tenga que venir, esperara por mí.
El corazón de Aiyana la zumbo los oídos, mientras trataba de tomar aire en todo esa neblina densa de humo que los rodeaba.
Cuando el chico llego hasta ellos, su primera mirada fue directa a Aiyana.
- Ya nos vamos- dijo ella, sin ningún tono en la voz.
Nick entrecerró algo los ojos, y luego miró a su alrededor para depositar su mirada en Alex, que lo miraba frió e imperturbable. En lo que fue un único segundo para el resto, a Nick le pareció algo eterno, la mirada de ese hombre le atrapo, sintiendo de pronto como si una mano helada le atravesara las entrañas, dando a paso a que su visión se nublará como si hubieran colocado una tela turbia en sus ojos; haciendo que su cabeza perdiera el razonamiento, y fuera a caerse al suelo sucio y polvoriento de aquella discoteca.
Las chicas se llevaron una mano a la boca, mientras aspiraban el aire, reprimiendo un grito.
Las dos en un gesto innato se arrodillaron al suelo.
Nick en el suelo, inconsciente, parecía librar una batalla interior. Miles de voces e imágenes se confundían en su cerebro, haciéndole incapaz de interpretar nada, las voces cada vez más potentes parecían perforar su cerebro.....
En un instante la gente de la discoteca pareció alarmarse ante el chico, que aparecía en el suelo, mientras Kevin y Jay, se percataban de ello, al ver el revuelo. Ambos anduvieron en dirección a Nick.
Aiyana que estaba arrodillada cerca de él, con la cara blanca del susto, acercó su mano hasta el rostro perfectamente cincelado del chico, y mientras ponía su mano delicadamente en la mejilla pudo notar la suavidad de su piel, que era como el sentir de una caricia.
Su mano permaneció pegada al rostro de Nick durante eternos segundos, en los que el chico parecía ajeno a todo. Pero en una milésima de segundo, algo cálido atravesó su piel, haciendo que su mente fuera barriendo toda esa mezcla de voces y pensamientos. Abrió los ojos despacio, y lo primero que vio, fueron unos ojos enormes y asustados, algo cálido se instalo en su estomago.
Y luego repentinamente, como arrastrado por un calambre, se desasió de la mano de ella con brusquedad, mientras se levantaba del suelo, con una extraña ligereza, impropia, de alguien que acaba de desmayarse.
- ¿Estas bien?- preguntó Aiyana extrañada.
- Si estoy bien- dijo con sequedad.
Kevin y Jay, que acababan de llegar se acercaron hasta él con ansiedad, mientras le preguntaban que había sucedido. Su respuesta no fue mucho mejor.
- Estoy bien, dejarme- dijo apartándose el brazo de Jay, que había colocado en su hombro, a modo de preocupación.
Las chicas observaron la escena, mientras Nick alejaba sus pasos de ellas, sin mirar atrás.
- Desagradecido...- pronunció Anne.
Aiyana no dijo nada, aún podía sentir la suavidad de su piel entre sus dedos, un escalofrío recorrió su espalda.
- Es mejor así- dijo Alex, que observaba, ahora a Aiyana cabizbaja- Es un sinvergüenza.
Aiyana lo miró.
- ¿Qué le habrá pasado?- preguntó ahora, aún temblando del susto.
- A saber, lo que se habrá tomado, drogas, en fin, a saber...- contestó Alex, mientras miraba al fondo del bar, por donde se había ido el chico.
- ¡Vaya susto!- exclamó Anne.
- Bueno chicas, creo que es hora de ir a casa.- recordó Alex mirando el reloj.
- Vaya, y ¿desde cuando tú eres tan responsable?- le preguntó Aiyana sorprendida.
- No, yo no, lo digo por vosotras. No querrás que tu padre te mate, ¿verdad?
- Vaya, parece que recuerdas bien a tu tío- dijo Aiyana. Alex asintió exageradamente.
- Tiene razón, yo tengo que estar en casa a la una, y son las doce y media.- subrayó Anne mirando el reloj.
- Si...- murmuró Aiyana, aún confusa, por todo lo que había pasado.
Se despidieron de Alex, no sin antes hacer unas promesas.
- Prometerme que nos volveremos a ver.- dijo mirándolas a las dos. Las chicas asintieron.- Y que no volveréis a ver ese chico.- dijo levantando un dedo, a modo de advertencia.
- Alex, cada vez te pareces más a mi padre, de verdad...- pronunció Aiyana meneando la cabeza.- Creo que eso es decisión nuestra, pero vamos después de la noche de hoy, no se si tendremos ganas, al menos yo...- siguió mirando a Anne.
- Es un sinvergüenza, y encima desagradecido- repitió Anne dolida.
Alex pareció quedarse a gusto, con las respuestas de ambas chicas. Y después de eso, miró a Aiyana y la dijo que necesitaba decirla una cosa en privado. La chica miró extrañada a Anne, pero pasó dentro de la barra, donde Alex la indicaba. Una vez dentro, le siguió hasta el almacén de las bebidas, y mientras se aseguraba de la que puerta estaba bien cerrada, dejó escapar un suspiro cargado de una tensión que en seguida la chica pudo percibir.
- ¿Qué pasa Alex? Me estas asustando.
- Aiyana- pronunció de un modo en el que ella pudo sentir un escalofrío- Tengo casi 29 años, y hace casi diez que desaparecí de vuestras vidas, de la vida de mis padres, de la vuestra, de la de mis amigos....- dijo tranquilo.
- Ya..., tus padres nos dijeron que estabas en Italia, que volverías, pero...
Él la interrumpió.
- Si, he viajado por muchos lugares, pero nunca he encontrado mi verdadero hogar en ninguno. Mis padres, me perdieron la pista en Italia, como sabrás- Aiyana asintió- Y después no volvieron a saber de mí, por ese motivo, no quiero volver a verlos—
Ahora ella le interrumpió.
- Pero tu madre lo ha pasado muy mal Alex, tienes que verla, te ha echado un montón de menos- dijo mientras notaba que se la quebraba la voz.- Y yo...también, y mis padres siempre preguntan por ti.....
- Si cielo, lo sé, pero no puedo volver ahora como si nada.
- Sí, si que puedes, nadie te lo va a echar en cara, todos están deseando verte.
- Por favor- suplicó agarrándola de ambos brazos- Te acuerdas cuando éramos pequeños, y yo hacía alguna travesura, y tú siempre me guardabas las espaldas, nunca me delatabas. Pues ahora te pido, ese mismo tipo de lealtad; se que no tengo derecho a hacerlo, por haberme apartado de vosotros, pero algún día lo entenderás, y solo te pido, te ruego- dijo casi con desespero- Que me jures que no dirás nada sobre mi paradero, a nadie, ni siquiera a tus padres, y menos a los míos. - Terminó.
- ¿Algún día sabré, que es lo que te pasa?
- No se puede mentir para siempre.
- Esta bien.- dijo sin más opción, él la miró esperando el juramento de sus labios.- Lo juro.- pronunció al fin.
Capítulo 6. ¿Me estas siguiendo?
Los focos alumbraban con desmesura, la larga melena color azabache de la joven dependienta que se encontraba como una autómata, colocando los montones de pantalones que se encontraba hechos un ovillo en una enorme caja de madera color negro, con un enorme cartel que cantaba en letras rojas: Rebajas. Mientras sacaba uno de los pantalones, tirando con fuerza de ellos del fondo del cajón, su cabeza se encontraba a unas diez horas de ese instante. Reviviendo cada momento, e intentando ordenar el montón de cosas que habían sucedido la noche anterior. Su cabeza voló por la imagen de Nick, su cantante predilecto, al que había subido hasta el pedestal más alto en su jerarquía interior, y que se había caído de él con la misma facilidad con la que había llegado hasta allí. Se sintió estúpida e infantil, se mordió de rabia los labios, ahora con impotencia, y después con rapidez, su primo hizo apto de presencia en su memoria. Un halo de confusión la rodeo, sin entender nada con respecto a él. Aparecía por sorpresa casi diez años después y además la exigía promesas que ni siquiera entendía.
- ¡Aiyana!- llamó una joven de cabello rojizo, al otro lado de la estancia, haciéndola despertar de pronto.
La miró con atención.
- Cobra hasta señora por favor, que necesito ir a hacer un recado.
Era su compañera Sarah. Trabajaba con ella en la misma sección, y además era de las pocas personas de aquel hipermercado, que realmente la caía bien.
Se apresuro en dirección a la caja, mientras sonreía con amabilidad a la clienta, que la miraba con familiaridad. La cobró, y a los diez minutos, reapareció Sarah.
- ¡Qué día más largo!- bufó Sarah, mientras se acercaba a la caja, y se colocaba al lado de Aiyana, que estaba sacando unas monedas, para tener suficiente cambio.
- Sí...- afirmó, mientras cerraba la caja.
Miraron a su alrededor, y quedaron satisfechas. No había mucha gente en su sección, solo dos mujeres mirando unas camisas, y un joven que se dirigía, ahora, a los probadores.
- ¿Has visto al chico del gorrito marrón?
- No...- negó Aiyana con la cabeza.
- Pues parecía desde aquí, que estaba bastante bien.
Aiyana hizo un gesto indiferente.
- No todos los hombres, son como el cerdo de ayer. Su enfermedad se llama fama, así que olvídalo, y disfruta mujer. – Lanzó directa Sarah, viendo el agobio en los ojos de su compañera.
Aiyana la había contado, la historia de la extraña noche que había pasado.
- No es por eso...- se sintió avergonzada Aiyana. Aunque una parte bastante importante de ella se sentía lastimada, pero eso no la hacía sentir precisamente orgullosa- Es otra cosa....- murmuró, dejando acallar sus palabras.
No podía contar nada a nadie de su primo a Alex, así que evito la mirada de su compañera, mirando hacia el fondo del lugar. Vio la silueta del chico que su compañera había nombrado, caminar con paso lento hacia ellas, acompañado de dos pantalones colgados de un brazo. Tenía un cuerpo atractivo, lucía un torso amplio, cubierto por unos hombros anchos y rectos; llevaba unos sugestivos pantalones que caían al límite de sus caderas, asomando la goma de unos calzoncillos negros, y una cadena plateada caía de uno de los bolsillos, meneándose de un lado a otro, al compás de su caminar. Reprimió un suspiro. Llevaba gafas oscuras, que se quitó resuelto cuando se encontraba a unos ocho pasos de ellas.
A Aiyana se la encendieron las orejas de calor cuando lo reconoció, y casi en un instinto innato, desapareció de la vista del chico, y se agacho tras el mueble que poseía la caja registradora.
- Aiyana., ¿qué demonios haces?- preguntó Sarah, antes de que el chico llegara hasta ellas.
- Scchhhhhh- la calló Aiyana, poniéndose un dedo en los labios, aturdida.-¡¡ Es Nick!!
- No jodas....- musitó irónica y nerviosa Sarah, que ahora miraba a los ojos a Nick, que se encontraba a tres pasos de ella.
- Por favor, como si no estuviera.....- dijo en un murmullo Aiyana.
No quería verle. ¡¡Dios que vergüenza!!- pensó mientras notaba como sus piernas temblaban.- Además es imbécil...- siguió justificando su incoherente actitud. Por su parte Sarah libraba otra batalla.
Nick miraba con atención cada detalle del mueble, parecía buscar algo, cuando se canso, posó con mala gana los pantalones en el mostrador. Levanto sus ojos azules e imponentes hasta Sarah y dijo:
- ¿Dónde esta tu compañera?
- Perdona...- se disculpo Sarah, tratando de disimular.
- Sí, hace un momento había otra chica aquí contigo.- la dijo, como si hablara con alguien deficiente.
Eso acabo con Sarah, y con su paciencia. Era sincera, siempre. Realmente era su virtud, aunque más de una vez la llevará algún disgusto que otro. Trabajar cara el público, era igual a ser actriz cada día, tenía que fingir que todo esta bien, sonreír, aún y cuando alguien este machacando tu moral. Y Sarah, a diferencia de Aiyana, que era mucho más paciente, no siempre lo aguantaba.
Y no pensaba morderse la lengua ante un tipo como ese, por muy guapo, y famoso que fuera.
- Aquí solo estaba yo- dijo abriendo las manos, como mostrándose.
Nick la observo, y bajo la cabeza, para luego levantarla con altivez.
-¿Me esta llamando idiota, señorita?- dijo con cierto tono estúpido en los labios.
- De mi boca, no ha salido esa palabra.- Dijo Sarah lanzándolo una mirada crispada.- ¿Quiere algo más?- preguntó cambiando de tema, y cogiendo los pantalones, para pasar el código por el escáner.
Nick tiró de los pantalones hacia él.
- Quiero que me atienda su amiga.
Sarah resopló.
- Mi compañera no se encuentra aquí, así que si quiere le cobro, y sino, si no le importa _________________ ¿ Cómo saber si no es más que una fantasía o un sueño absurdo, un delirio producto de tu mente? No hay ensayos generales en la vida y aún menos en el amor.
Registrado: 13 Ene 2007 Mensajes: 765 Ubicación: Pensando en las cosas que me quedan por decirte
Publicado: Sab Ene 13, 2007 3:20 pmAsunto:
Sarah resopló.
- Mi compañera no se encuentra aquí, así que si quiere le cobro, y sino, si no le importa, le agradecería que me dejara seguir con mi trabajo.- dijo seca y directa.
- Esta bien.- dijo Nick indiferente apoyando sus dos manos, sobre la mesa- Vaya a hacer su trabajo, yo esperare.....Seguro que en algún momento tendrá que aparecer.
Nick se dio la vuelta, camino unos pasos, pero se quedo allí plantado mirando a su alrededor, a su vez Sarah miraba a Aiyana, que ya había salido de su “escondite”.
- No quiero verle...- la dijo al oído, mientras Nick permanecía ajeno a ellas, en ese instante.
- Es un imbécil, pero te ha visto, y por alguna razón quiere volver a verte.- dijo Sarah colocándole los cuellos de la camisa del uniforme a Aiyana.
Aiyana aspiró el aire, para intentar relajarse.
- Además tengo una idea.- siguió Sarah con mirada morbosa, mientras se acercaba al oído de su compañera y le contaba su plan.
- ¡¡No puedo hacer eso!!- dijo casi elevando la voz Aiyana, para luego bajarla en tono apenas audible- Me puedo meter en un lío...
Nick se dio la vuelta, y sonrió satisfecho al verla. Una vez más se salía con la suya. Aunque no pudo evitar, que un susurro incomodo se instalara en su cabeza, avisándolo de que algo en todo eso era muy raro.- ¿Cómo es posible, que el destino, hiciera que ella apareciera de nuevo, con la de tiendas, y dependientas que había en esa ciudad? Todo eso le asustaba, pero había algo en ella, algo invisible, poderoso, que le hacía sentirse atraído y turbado, con su sola presencia.
Se acerco hasta ella, mientras sus miradas, ahora, parecían incapaces de soltarse. Cuando estuvo a un centímetro de ella, Aiyana azorada, rompió el contacto visual.
- ¿Me estas siguiendo?- preguntó él, ahora buscando su mirada.
- No...., no lo creo...- dijo, sabiéndose incapaz de abrir más la boca.
La situación la desagradaba sobremanera. Nick aparecía en su trabajo, y solo el hecho de que la viera, con ese horrible uniforme que llevaba, ya la hacía sentirse incomoda.
Nick abrió una extensa sonrisa, mientras se dedicaba a observar como un ligero rubor aparecía en las mejillas de la chica, eso le excitó.
- ¿Te gusto el concierto?- preguntó, ahora.
Aiyana levantó la cabeza, que había permanecido, casi escondida entre los cuellos de su camisa.
- Si, el concierto si.- remarcó mirándolo fijamente.
Nick notó el extraño tono, que había puesto, en esa sola contestación, pero no supo descifrar nada. Y eso le hizo sentirse aún más interesado.
- Me alegro. Dentro de tres días doy otro, en el “Spider Club”, estás invitada, di al tipo de la puerta que el Señor “Pick Man” te invita- pronunció guiñándola un ojo -, Te dejara pasar sin pagar, lleva a la gente que quieras.- siguió con normalidad.
- Gracias- dijo mientras sentía, como sus mejillas ya ardían en su piel.
- No hay que darlas. Pero bueno si no puedes esperar al jueves, dame tu teléfono, te llamare antes.- pronunció Nick como perdonándola la vida.
- Puedo esperar- dijo solamente- Y, ahora si no te importa, tengo que seguir trabajando.- dijo de carrerilla y sin pensar, algo que se sabía de memoria, y que decía siempre que los clientes se ponían pesados.
- Nadie te lo impide, los pantalones llevan ahí diez minutos.- dijo Nick burlándose, mientras los señalaba.
Aiyana no lo miró, los cogió intentando disimular el temblor de sus manos, y los paso por el escáner, sintiendo como un hormigueo se apoderaba de sus dedos. Sarah la miro como animándola a que lo hiciera, y ella la dedicó una media sonrisa. Bajó los pantalones, debajo del mostrador, para que Nick no viera lo que hacía, y los metió con rapidez en una bolsa.
- Son noventa y tres dólares.- pronunció de carrerilla, mientras le daba la bolsa.
- Muy bien.- dijo Nick con su sonrisa en los labios, que no se le había despegado desde que estaba allí.
Le cobró, y una vez terminaron, le dio las gracias de rigor.
- Bueno, nos vemos.- dijo él.
Aiyana asintió, y Nick se encaminó a la puerta de salida, que se encontraba justo a unos pasos de la sección de ropa, en la que las chicas se encontraban. Ellas observaron con detenimiento, como Nick se acercaba a la puerta, y con el corazón en un puño, ambas amigas se miraron, nada más el pie del chico poso el límite de la puerta. Las alarmas a los lados de la puerta hicieron el resto. Un estruendo sonido de alarmas rodeo la zona en la que Nick y varios guardas en frente de él, se encontraban. Las chicas se sonrieron. El chico confuso, miró hacia todos los lados, y ahora fueron sus mejillas, las que advirtieron un ligero rubor. Los guardas del Wallmart, hicieron el paso hasta él, mientras le obligaban a que permaneciera dentro.
- Deme las bolsas, por favor- pidió con amabilidad uno de los guardas, pero con voz de mando.
- ¿Qué insinúa?- escupió Nick ofendido.- Acabo de pagar, pregunta a esas dos de ahí- dijo despectivo señalándolas.
- Es simple rutina señor. Solo me tiene que dar su bolsa, para ver si a lo mejor no le han desalarmado algún producto.
Nick extendió su bolsa, muy a su pesar, y de mientras el guardia hacia su trabajo, lanzó una mirada helada a Aiyana.
- ¡Aquí esta!- exclamó el policía.- No le han quitado la alarma de este pantalón.
Nick pensó, -“Que hijas de.....” – pero se acalló hasta en su interior.
- Deme su ticket, y le quitamos la alarma.
Nick se quedo blanco, no le habían dado ticket de compra....
- Es que no me le han dado.- dijo aguantando con todo el orgullo que tenía, esa situación.
El hombre de seguridad, que no le había reconocido si quiera, le miró con suspicacia, de arriba abajo. Luego miró a Sarah y Aiyana, mientras estas le hacían un gesto de desconfianza sobre el tipo.
- Me va a tener que acompañar.
- ¡¿Qué?!- exclamó en un grito- ¿Usted sabe quién soy yo?- dijo aún más alto- Dígale a esas señoritas que están ahí- dijo señalándolas acusatoriamente- Si me han cobrado o no el pantalón.
- Esta bien, vamos.- dijo el hombre.
Sarah y Aiyana, exclamaron a la vez: ¡Oh Dios Mío....!, mientras veían como se acercaban.
- Sarah, ¿le habéis cobrado el pantalón a este chico?, no tiene ticket.- dijo mirándolas.
- Es la otra la que me ha cobrado- dijo Nick acusándola con su mirada.
Aiyana se vio acorralada, pero siguió la broma.
- No, la verdad, o igual sí..., no se, no lo recuerdo....
Nick la miró mientras formaba una sonrisa irónica en sus labios.
- No me lo puedo creer........- meneó la cabeza Nick. -QUIERO PONER UNA QUEJA, QUE LES REGISTREN LA CAJA, ¿QUÉ CLASE DE BROMA ES ESTA?- siguió Nick, a gritos, hirviendo en ira.
Aiyana asustada por la reacción, decidió terminar con la burla, lo último que la faltaba era perder su trabajo, por una cosa así, pero antes pensó en dar un bonito y cáustico final a la broma.
- Lo siento, es que le he confundido con otro cliente que se le parecía y no ha comprado nada, el sí ha pagado- dijo Aiyana- Es el chico equivocado.- terminó.
Se sintió orgullosa, por primera vez en su vida, quizás, había devuelto la bofetada con la misma mano.
Nick la miró aún confuso, pero después de revolver en su cabeza, encontró lo que buscaba, y lo entendió. Esta vez la sonrió, y no había ira en su mirada, sino respeto.
- Aiyana es una chica lista, espero que permanezca en este trabajo mucho tiempo, me ha atendido perfectamente.- concluyó Nick, mientras, el guarda de seguridad los miraba, ahora, como si fueran dos locos, sin entender.
El guardia se alejo de allí, Sarah se fue a doblar unos jerseys, y Aiyana se dio la vuelta, pero antes de que pudiera dar un paso Nick la cogió por la mano, obligándola a girarse.
Un calor envolvió su estomago al sentir la mano de Nick, agarrando la suya.
- Espero que ahora sí, no puedas esperar para verme- dijo siguiendo en su línea.
Solo que eso, ahora a ella la agitó.
- Tengo que seguir...
- Si, trabajando- añadió él. – Esta noche, donde ayer.- la aplazó, con todo el deseo que tenía de volver a verla.
Aiyana, confundida, no supo que contestar. Él la soltó.
- Espero que nos volvamos a ver, ahora te toca a ti.- terminó mientras se alejaba de allí.
Las horas laborales, después de la fugaz presencia de Nick, se hicieron eternas. Y si antes la cabeza de Aiyana, permanecía apartada en su mundo, ahora directamente se encontraba a kilómetros de allí.
Cuando llegó a casa, sobre las cuatro y media de la tarde, feliz, de que por fin el día hubiera terminado, lo primero que hizo fue llamar a Anne, para contarla todo lo que había pasado. Y la verdad que eso la ayuda a ordenarse un poco, y a decidir lo que quería hacer.
- Yo, si te soy sincera, no me fío de Nick, porque sabemos lo que él quiere...., pero la pregunta, es: ¿Qué es lo que tu quieres?- la había preguntado su amiga.
Y esa pregunta, era sobre la que rondaba su cabeza, ahora. Había algo que la asustaba, y era el hecho, de que si iba allí, a verle, iba a tener que enfrentarse, no solo a él, alguien con el que soñaba cada noche, sino a ella misma. Ella que siempre había permanecido a la sombra...., pero ahora algo la alumbraba, ahora, y de pleno, y no sabía si sería capaz de seguir con ello, o estar a la altura.
- No entiendo como alguien como él, se ha fijado en mí..., esto es surrealista, parece formar parte de un sueño, de algo que no entiendo, tengo la suerte o la desdicha de encontrarle, y al día siguiente azares del destino, él aparece en mi trabajo.....es muy raro, todo- la había dicho a Anne, que la escuchaba al otro del teléfono con atención.
- ¿Qué no entiendes de que se haya fijado en ti? Eres mucho mejor persona de lo que lo puede llegar a ser él nunca- había dicho Anne con todo el cariño, que tenía hacia su amiga- Pero solo espero que seas consciente, de que puede que solo quiera un rollo de una noche....Sabes, no quiero que te hagan daño Aiyana.
- Gracias Anne,- había dicho sintiéndose mejor, hablar con ella era casi como hablar con su propia conciencia, y siempre la hacía sentir mejor.- Y si, no es que sea consciente de eso, es más creo que solo se trata de eso, si es que Nick quiere algo conmigo, que aún me cuesta asimilarlo, se que no va a ir más allá de un capricho....Aunque puede que ni siquiera quiera nada, puede que solo quiera ganarse una amistad.- Había terminado, exponiendo todas las posibilidades.
- JA- había dicho como respuesta Anne- Permíteme que lo dude...
- Si...,- vagó por sus pensamientos unos segundos, para dar al fin con una respuesta.- Pues entonces esta noche nos vemos a las diez en mi casa. Quiero verle- dijo con rapidez, mientras tragaba saliva, temía que si lo alargaba más, cambiara de opinión.
- Está decidido- dijo Anne con una sonrisa en los labios- Nos vemos.
- Hasta la noche.
Capitulo 7. Ángel Perverso
Cuando la luz de la noche, cubría con su manto de oscuridad la mixtura de las calles, edificios, y farolas reluciendo y lidiando con hacerse un hueco en esa mezcla de sombras y vanidades, sacadas a pasear al embrujo de la noche. Justo en ese instante, Aiyana y Anne llegaban a la calle, en la que se hacía un hueco imponente, la discoteca “Monkey”. Miles de rostros desconocidos, se hacían el paso entre los dos enormes hombres que aguardaban la puerta.
Una vez las chicas llegaron hasta los porteros, una luz baño sus rostros ligeramente tensos, y suavemente maquillados.
Aiyana había tardado dos horas en decidir su vestuario, un “disfraz” que se había colocado esa noche, para pretender quizás, ser otra, para que aunque fuera por una noche, y por una vez, sentirse segura de sí misma. Llevaba un ligero vestido, en color negro, suavemente ajustado a sus finas caderas, a la altura de las rodillas, y con un corto escote en uve. Su pelo caía en cascada hasta la mitad de su espalda, y dos piedrecitas brillantes y azuladas brillaban en sus orejas. Se sentía ligera y femenina, como una pluma ondeante en el viento, como si sus pasos sonaran más sobre el suelo, esa noche. Pero detrás de toda esa preciosa fachada, se encontraba ella, su verdadero yo, su personaje escondido, ocultado, y tremendamente asustado, como un niño al que pretenden robar su identidad.
El portero las dejo entrar sin problemas, y una vez dentro, los ojos de Aiyana, se convirtieron en chivos expiatorios, escudriñando cada personaje masculino, buscando a un único y solo personaje. Cada vez que un chico rubio pasaba por su lado, su corazón pegaba un bote seco en su interior, pero él no se encontraba a la vista... Anne cortó por un momento su intensa búsqueda, la cogió por el brazo, se acerco hasta su oído y la dijo:
- Mira ahí esta tu primo.
Aiyana miró en la dirección que su amiga la indicaba, y efectivamente, ahí estaba. Con su sonrisa en los labios, y sirviendo unos cubatas a una joven pareja.
Fueron en su dirección, y una vez sus pasos se pararon en frente de la barra, no las hizo falta llamar su atención, Alex giró su cabeza, y como si las hubiera detectado con un radar en su interior, las miró.
-¡Chicas!- exclamó fingiendo cierta sorpresa, pero así todo su rostro lo delató.
Cobró a la pareja lo pertinente, y se acercó hasta ellas, apoyó sus manos en la barra, y estiró su espalda, recta como un junco.
- Vaya no pense que me vendríais a hacer una visita tan pronto.- dijo con ojos inquietos, mirando hacia varios lados del local.
- Ya, nosotras tampoco- se rió Anne entre dientes.
- He quedado con Nick.- dijo Aiyana fingiendo seguridad.
Alex detuvo su mirada, antes inquieta, fija e imperturbable en los ojos marrones de su prima.
- Aiyana, conozco a ese tipo...-
- Ah sí, ¿y de qué?- dijo la chica con cierto tono de ironía, y con el beneficio de que el conocer a su primo le daba. Sabía hacia donde iban sus intenciones.
- Me refiero, a que se le ve que clase de tío es..., y bueno ya sabemos lo que esos tipos buscan de las chicas como tú.
- ¿De las chicas como yo?- preguntó Aiyana enarcando una ceja, y colocando una barrera defensiva, entre su primo y ella.
- Vamos ya sabes a lo que me refiero...- señaló, desviando la vista hacia Anne, que parecía asentir, pero no sabía muy bien de que lado ponerse.
- No, no lo se- dijo elevando algo la voz, y sintiendo un desazón en su interior que bullía en su cabeza.
- Esos tíos, se aprovechan de las chiquillas como tú, y no pienso dejar que eso ocurra delante de mis narices.- Aclaró en un tono de mando, que hizo que algo que ya ardía en el interior de Aiyana, explosionara.
- No se quién demonios te crees que eres para tratarme como si fuera algo tuyo, no conoces a Nick, y yo tampoco, pero soy yo la que he quedado con él.- Terminó de decir con un ofensivo tono de voz, que hizo que Alex diera un golpe sobre la barra.
- ¡SOY TU PRIMO, MÁLDITA SEA!- exclamó con voz fuerte, haciendo que un grupo de chicos que se encontraba a su lado, se alarmará ante la discusión.
- Tú no eres mi primo...- dijo en un apenas audible tono de voz, y con el corazón latiendo en su garganta- Mi primo no se hubiera ido sin dar señales de vida- terminó, girando el paso y haciendo que Anne se moviera en su dirección.
Alex se quedó con la vista fija a la espalda de su prima, y de pronto una rabia contenida, explotó en su brazo, haciendo que varias botellas de la barra, fueran empujadas hasta el suelo, convirtiéndose en varios fragmentos de cristal. Reprimió una lágrima apretando los puños.
Aiyana caminó a paso rápido, entre la concurrencia de gente que bailaba en el centro de la pista, entre las luces de neón, los flashes, y las sombras, que ocultaban su rostro compungido. Anne habló intentando, a duras penas consolar la situación, aunque no consiguió demasiado...
- Entiendo como te sientes, y que pienses que él no tiene derecho, pero Aiyana, solo lo dice por tu bien.
- ¿Qué es lo que tú piensas realmente Anne?- dijo parando de andar, y mirando firmemente a su amiga.
- ¿Qué quieres decir.....?- preguntó sin entender.
- Piensas como él, piensas que no debería estar aquí, y ni siquiera puedes creer que él se haya fijado en mí.
- Yo nunca he dicho eso Aiyana...- objetó Anne ligeramente ofendida- Pero él tiene razón en lo que dice, los tíos como Nick, van a lo que van, y contigo no va a ser menos.- dijo apenas sin pensar, pero exponiendo una realidad que dicha con palabras dolía.
- Sí, puede ser....., pero por una vez en mi vida, voy a hacer lo que me da la gana, ¿puedes entender eso?- dijo acercándose más a su amiga.
- Sí, claro....- murmuró.
La entendía más de lo que ella creía.
Aiyana suavizo su mirada y sus palabras, recogió la mano de Anne, y la dijo:
- Voy al baño un momento.- dijo mirando hacía a Alex, que se encontraba como un autómata limpiando la barra.- Ve a hacerle compañía por favor- la pidió sintiéndose culpable.
- ¿Yo?- preguntó nerviosa Anne.
Aiyana la miró con una sonrisa.
- Mi primo si que es un buen chico- dijo guiñándola un ojo, y encaminándose hacia los lavabos.
Oía sus tacones golpetear sobre el suelo, y odiaba ese sonido, parecía avisar de que ella estaba allí, y eso no la hacía sentir cómoda. Se arrepintió de habérselos puesto. Pero aún así, sintió la mirada lasciva de varios chicos, que se fijaron en ella al pasar, y eso la dio mas fuerzas para esa noche. ¿Dónde estaría Nick?, se pregunto para sí; pero no la hizo falta dar muchas vueltas sobre ello, porque como si él mismo hubiera escuchado su pensamiento, apareció ante sus ojos, dando respuesta a su pregunta.
Se encontraba erguido al pie de la escalera, que conducía a los lavabos, como si se hubiera parado allí a esperarla. Llevaba el pelo engominado hacía atrás, lo que le daba un aspecto recién duchado, que hizo que el corazón de la chica se acelerara; su sonrisa virtuosa, impecablemente colocada en sus labios carmesí; su mirada radiante como un rayo de sol que aparece entre las rendijas de tu persiana. Y ese aire imponente, que parece saber el efecto que causa todo su ser, se dibujo con lentitud en las retinas de Aiyana.
Él frenó su pasó.
- Buenas noches Aiyana.- dijo con voz profunda.
- Hola- sonrió ella tímidamente.
- Estaba en la sala VIP, y te he visto por el cristal llegar con la chica del otro día.
- Anne. Es mi amiga- aclaró, sintiéndose estúpida después. Era obvio.
Él asintió.
- Voy al lavabo.- dijo sintiendo como las ganas, la avisaban, y la daban conciencia de la situación.
Dio un paso hacia la derecha del chico, pero él se puso de barrera. Aiyana le miró, él sonrió. Se movió hacia la izquierda, pero Nick de nuevo, se movió en la misma dirección, impidiéndola subir. Soltó una carcajada, ella sonrió azorada.
- Está bien, pasa.- dijo quitándose.
Aiyana puso su pie sobre el primer peldaño, y Nick se bajó de él. La tocó el brazo desnudo, haciendo que todo el vello de su cuerpo se erizará, un simple roce, pero toda una descarga.
Nick observó su rostro, bajando su mirada con lentitud, desde su frente hasta donde acababa su cabello, luego la habló.
- Te esperare aquí.
Aiyana se acordó de respirar, y asintió bajando la cabeza.
Subió las escaleras, consciente de que Nick la observaba, y rogó a su equilibrio que por favor no fallara en ese momento.
Tardó en bajar tres minutos exactos de reloj. Pensó con incertidumbre, que quizás todo aquello fuera un sueño, y que no encontraría a Nick al llegar al final de la escalera. Pero si estaba. Apoyado sobre una columna, y con un pie en la misma sosteniéndole. ¿Y ahora qué le decía? Su cuerpo era un mar de nervios, y su boca parecía imprecisa, y seca, como si se hubiera olvidado de hablar. Se acerco hasta él, y él hizo el resto.
- Qué rápida; ¿vamos a tomar algo con tus amigos?- preguntó con amabilidad.
- Sí.- contestó únicamente.
Y con ese simple diálogo se acercaron hasta Anne, que se encontraba ya totalmente enfrascada en una conversación con Alex. Aiyana se sorprendió, su amiga era muy tímida, pero parecía feliz y relajada. Cuando llegaron hasta ellos, lo primero que hizo Nick fue mirar a Alex, el cual le regalo, una fría mirada, que revolvió sus entrañas. Nick pasó el dorso de su mano por su frente; juraría haber sentido hasta un sudor frío, bajo la mirada de ese tipo. Le volvió a mirar, y ahora sintió repulsión, asco, como si algo dormido en su interior despertará un odio que no comprendía ¿Qué le estaba pasando?, ¿Quién era ese tipo, y porque le hacía sentir así? No obtuvo respuesta, y Aiyana le rescató de sus pensamientos.
- Ella es Anne, y él es mi primo Alex.- dijo Aiyana con cortesía, y evitando la mirada ingente de su primo.
- Hola- pronunció Nick por respuesta, y mirando a Anne.
Anne le sonrió, y no pudo evitar pensar en algo, que cualquier mujer mortal sentiría al ver a un hombre de uno ochenta y algo de altura, y con esos ojos azules. Su belleza era un hecho, algo tangible.
Nick invitó a las chicas a una copa, bajo la atenta y aviesa mirada de Alex, y a pesar de la seguridad de su persona, Nick vio su moral algo tambaleada ante la presencia de ese tipo. El que más hablaba era él, a pesar de todo, les contaba sobre todo anécdotas de sus conciertos, cosas divertidas, que hicieron que una luz se iluminará en las dos chicas. Era muy divertido y ellas cacareaban de risa ante cualquier chorrada que él soltara. Mientras Alex, que procuraba no alejarse demasiado veía herido de orgullo, y henchido de rabia, como ese tipo se hacía con las mujeres, como manejaba sus hilos de manera magistral. Era un experto cazador, y su prima pequeña era su presa. Eso le hizo odiarle aún más.
Aiyana se sentía algo más segura, y aunque seguía sin hablar nada mas que monosílabos, o pequeñas frases, consiguió hacerse con la atención de él todo el tiempo.
- Ven, salgamos a bailar.- dijo Nick con seguridad, cogiendo la mano de Aiyana.- Luego si quieres vengo a por ti.- siguió mirando a Anne, y guiñando un ojo presumido.
- No, descuida.- dijo ella con tranquilidad.
Y lo cierto es, que aunque la costará creerlo hasta a ella misma, no la apetecía. Lo que deseaba era seguir con Alex, que le contará las mil y un aventuras que había vivido por Europa.
Una vez en la pista, Aiyana se vio como rodeada, a cualquier lado que mirara había gente, y encima Nick la meneaba con la mano, pretendiendo que bailara. Y no era algo que se la diera especialmente bien. Cada vez sentía sus pies más torpes, moverse como un animal que acaba de nacer... Sus mejillas no estaban rosadas, estaban rojas como semáforos. Y cada vez que Nick se acercaba estratégicamente a ella dejándola un centímetro para respirar, sentía como el deseo que aguardaba en su interior, subía por sus pies, y se colocaba en su estómago.
- Voy a pedir otra copa- la dijo acercándose a su oído.- ¿Qué quieres tú?
- No quiero nada.
Nick, se cruzo de brazos, haciendo una divertida mueca.
- Venga lo que tu pidas- cedió ella.
- Eso esta hecho.
Nick apareció, y en ese momento, suaves melodías rock sonaban en aquel lugar, una música envolvente y perfecta para relajarse, pensó Aiyana. Pero nada más lejos de la realidad.
Él la alcanzó la copa, y Aiyana se acordó de su amiga....Se sintió algo culpable, porque llevaban un buen rato bailando, y casi no la había hecho caso.
- Tengo que ir con Anne- le dijo en alto, para que la oyera entre la música.
- Quédate un poquito más...- susurró, rodeándola por la cintura, con su mano libre, y acercándola con suavidad hasta él.
Eso a ella la encendió, y pudo ver deseo en los ojos de Nick, fuego brillante en su mirada azul. Un ardor que parecía decirla lo mucho que le apetecía besarla, pero sus ojos debían expresar lo mismo, porque él se acerco hasta su oreja, rozó sus labios contra su lóbulo, sin soltarla la cintura, y la canturreó la canción de Aerosmith: “Crazy”, que sonaba en ese momento. Era hábil, y sabía muy bien lo que hacía. El cuerpo de Aiyana perdió estabilidad, y apoyo su cuerpo contra el de él, miró hacia la derecha y vio reír a su amiga con su primo, que parecía encantado, y ajeno a ese momento. ¿Estaban abrazados? O todo eso era un juego de su imaginación, ¿En realidad la deseaba o jugaba con ella? Agachó su cabeza contra su copa, y le pegó un sorbo que se llevo la mitad del vaso. Era la tercera copa que se bebía, y el calor que producía su cuerpo no solo era el efecto de tener a ese hombre tan cerca, sino el efecto del alcohol, que la hacía sentirse aún más febril, más deseosa. Aspiraba a probar sus labios, aunque fuera una sola vez, esa necesidad la quemaba en su lugar más íntimo. Y juró que con el roce contra el cuerpo de Nick, que la bamboleaba como a una pluma, fingiendo bailar, también apreció algo más, que la parecía indicar donde estaba el pensamiento de aquel chico. Él se deshizo de su copa, ya vacía, sin soltar la cintura de Aiyana y la posó en una columna, que contenía varios posa-vasos, miró la copa de la chica aún por la mitad, y ella la posó, al lado de la de Nick, a pesar de todo.
Él utilizó la mano libre, para acariciar la nuca de Aiyana, paseando las yemas de sus dedos, de la base del cuello, hasta la espesa mata de pelo oscuro de aquella chica, sin dejar de mirarla, con su mirada precisa y penetrante. Miles de escalofríos recorrieron la espalda de la muchacha, que de pronto movió una de sus manos, como inconsciente y embrujada. Si lo hubiera pensado, su conciencia la hubiera detenido, pero solo eran su cuerpo y su corazón los que movían sus hilos. Estaba atrapada, y Nick era como un encantador de serpientes ante ella. Solo con su mirada y sus caricias la poseía, y la hacía hacer cosas, que en otro momento, y ante un desconocido, hubieran sido impensables para ella. Entonces ella, subyugada, y sumisa a sus propios deseos, posó su manó en la base del cuello de aquel chico, bajándola con suavidad hasta su cintura, a la que se aferro, como si fuera la única cintura que existía en el mundo. Y él se aproximó peligrosamente a su boca, que yacía inquieta, húmeda, y deseosa de recibir ese premio. Cuando la boca de Nick se encontró con los labios de Aiyana, ella ya no vio nada, sus ojos se cerraron, y solo sentía.... La humedad de los labios de Nick acariciando su labio inferior, retando a su boca con mordiscos inquietos y llenos de un juego, por el que ambos, estaban dispuestos a dejarse llevar. La lengua del chico, se implantó con precisión matemática en el interior de Aiyana, buscando algo con lo que jugar, lo encontró con facilidad, e implacable se lanzo a la travesura, sin dejar de apretar sus labios contra la calidez y la suavidad de los labios de esa mujer. El beso robó su momento al tiempo, que se olvido de transcurrir, par ser testigo de la pasión frenética con la que se entregaban, aquellos dos completos desconocidos.
Más allá, sin embargo, el mundo seguía girando y una chica buscaba a su amiga, temiendo que ese ángel perverso, con cara humana, se la hubiera llevado, quizás sin vuelta de retorno. Anne ahogó su respiración un segundo, mientras la sorpresa, aparecía en su rostro, cuando la vio. Su mente se quedo extática.
Alex la despertó, y dijo con pesar, y sabiendo que él nada podía hacer.
- Y la noche no ha terminado.
Capítulo 8. Escrito en el viento
Cuando los pies de Aiyana, consiguieron posarse sobre el suelo, abrió los ojos y se aparto de Nick. Había despertado. Le miró a los ojos, que poseían aún ese tinte cristalino, que pedía más, y se pregunto, ¿Qué la estaba pasando? .Ella no era así, nunca se había enrollado con un tipo sin apenas conocerlo, pero luego se contesto pensando que ese chico era Nick, y era su ídolo.... ¿Significaba eso conocer a una persona? ¿La justificaba, o no?, ¿pero por qué se sentía culpable? Demasiados años siendo la niña de papa y mama, la cobraban una conciencia cerrada, una moral privada de libertad. Sonrió a Nick, que la miraba como si le hubieran quitado un caramelo de la boca, su carita de niño, la enterneció. Cogió de nuevo su copa, y mientras se la terminaba, trató de entablar una conversación con él, que seguía con cara de enojo.
- Cuéntame algo Nick.- dijo de pronto, y sin siquiera escucharse.
Pero necesitaba saber algo más, que el sabor húmedo y caliente de sus labios.
- Te deseo....- suspiró envuelto aún en su aura, disfrazada de deseo.
Se agarró de nuevo a su cintura, y acabó desplegando su cálido aliento al cuello de la chica.
Ella se volvió a estremecer, quizás por enésima vez esa noche.......
Él tomo su barbilla, la alzó con la suavidad de una caricia, tan latente en ese momento. La miró con detenimiento, y observó, aunque le costaba entenderlo, que Aiyana movía algo en su interior, una sensación extraña, algo que nunca antes había experimentado. Pero solo tenía una cosa en la cabeza, y poco o nada le importaba, lo que ella tuviera que contarle. Solo deseaba poseer su cuerpo, llevarla a su terreno y satisfacer su más profundo ego. Acalló cualquier conversación con un beso arriesgado en los labios, un hurto para el que esa chica inocente, estaba desprovista de protección. Aiyana se separó, pero el deseo de Nick no conocía límites, y se volvió a lanzar a por otro beso. Ella retrocedió una vez más, pero eso no hizo más que incrementar la necesidad de ambos. No podía con esa lucha...se rindió y se dejo apresar....
Cuando se separaron y volvieron a la realidad de aquella discoteca, él ya tenía preparada su frase para llevarse a Aiyana a la habitación de su hotel. Ese era su simple y único objetivo esa noche.
Acarició su pelo, con elegancia y detenimiento, y envuelto aún en todas esas sensaciones, la dijo:
- No quiero perder esta noche, durmiendo y pensando en donde estarás... Ven conmigo esta noche- terminó con un susurro en la oreja de Aiyana, y un suave beso.
Ella, casi de manera inconsciente miró hacia su primo, y su amiga. Su corazón, su cuerpo de mujer, tenían una respuesta clara: Lo deseaba, quería pasar la noche con ese hombre, que con un solo beso transformaba su cuerpo, y hasta su moral. Pero su pesada conciencia era fuerte y amenazaba remordimiento, si ella accedía. Le miró una vez más, y se dijo que nunca se cansaría de hacerlo, pero lo cierto era que le deseaba tanto..., anhelaba ese cuerpo lleno de cosas maravillosas para ella. La doble moral, y la ética volvieron a temblar, pero sentía que desobedecer a su propia razón era lo que en realidad quería. Pero también tuvo miedo, tuvo miedo de ilusionarse con él, por algo que en el fondo de su ser sabía que para él no era nada; y que para ella era un mundo. Una barrera, se dijo, pondría una barrera entre su corazón y el de Nick, una barrera de protección que la aislara de cualquier sentimiento. ¿Cuando se había vuelto tan fría? , se pregunto, siguiendo con su propio y personal acoso. Y encontró su respuesta, con tan solo mirarle. El di